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"Nada podemos esperar sino de nosotros mismos"   SURda

www.surda.se

 

 

03-07-2016

 

 

La austeridad es la causa de nuestros males económicos. Nada tiene que ver con la UE

Mariana Mazzucato

 

SURda

Gran Bretaña

Opinión

 

Mariana Mazzucato*

Yo he sido una de los 150 economistas universitarias, entre ellos doce premios Nobel, que avisaron de los riesgos de que Gran Bretaña abandonara Europa: recesión, pérdida de empleos, coste de la vida más elevado, inversión más reducida, innovación más baja y finanzas públicas más deterioradas.   

No hicimos esto porque fuéramos parte del “Proyecto del Miedo”, sino por nuestra comprensión de los problemas de la economía del Reino Unido y sus verdaderas causas. Entre ellas están la baja inversión, una débil productividad y alta desigualdad, problemas que no resolverá el Brexit.

Desde el terremoto de los acontecimientos del viernes por la mañana, ha habido muchas maniobras políticas y pensamiento desiderativo. Pero en medio del caos, ha habido menos reflexión seria acerca de cómo se enfrenta el Reino Unido a estos desafíos a largo plazo.    

La naturaleza visceral de la campaña del referéndum dejaba ver sólo cuántos votantes sentían los efectos de un sistema económico que no trabaja a favor de ellos. Pero si los votantes de la campaña favorable a marcharse tenían razón respecto a cuánta gente se sentía así en lo que toca al trabajo y la vida en Gran Bretaña, se equivocaban en lo que atañe a las causas y se equivocaban en las soluciones. Culpar a la UE fue un error de categoría. En realidad, la culpa anda más cerca de nosotros.

La austeridad – que ha afectado al nivel de vida de mucha gente trabajadora – no la impuso la UE sino que fue una elección del actual gobierno. Cuando las finanzas públicas están al límite, debería ser bienvenida la aportación que hacen los inmigrantes. Pero el clima de recortes permitió echarle la culpa a los inmigrantes y que la aportación de Gran Bretaña a la UE – de 8.000 millones de libras, sólo el 1,2% del gasto público y superada por nuestros logros económicos derivados de la pertenencia a la misma – cobrara una significación desproporcionada.

Los políticos de Gran Bretaña no han logrado proporcionar una visión del futuro de su país. O una orientación acerca del rumbo del cual vendrá su prosperidad y cómo puede beneficiarnos a todos. Sin un liderazgo político claro, no invertirán las empresas. Sin inversiones, la productividad es baja, los empleos, inseguros. ¿Dónde está el liderazgo para un crecimiento verde, por ejemplo, que pueda proporcionar nuevas oportunidades al conjunto de la economía? ¿Y dónde están las historias positivas acerca de los beneficios que nos ha aportado la UE, con el Reino Unido como economía de mayor crecimiento en el G-7 desde su ingreso?  

Estos problemas serán más difíciles, no más fáciles de resolver fuera de la UE. Déjenme darles tres ejemplos.

El primero, la investigación. La colaboración de todo el continente ha hecho de Europa una fuerza motriz para la ciencia. Gran Bretaña se ha beneficiado de forma desproporcionada de la financiación de la investigación por parte de la UE. La pérdida de esta financiación creará una verdadera brecha que hará más difícil de resolver nuestra bajar productividad.   

El segundo, la inseguridad y la desigualdad. Como ha declarado Frances O´Grady, jefa del TUC (los sindicatos británicos), la UE ha sido buena para los trabajadores, asegurando el derecho a vacaciones pagadas, permisos de maternidad e igualdad de derechos para los trabajadores a tiempo parcial. Cuando se alegaba que el Brexit nos haría más libres, había que entender a quién va destinada esta libertad. Teníamos que liberarnos de muchos de los controles y equilibrios en relación al poder del capital sobre el trabajo, y en otros terrenos como los de los perjuicios ambientales. Para construir un capitalismo más sano, inclusivo y afrontar la inseguridad económica que muchos padecen, a la Gran Bretaña posterior al Brexit le hará falta fortalecer, que no debilitar, los derechos  conseguidos por los sindicatos.     

El tercer desafío es el del crecimiento verde. La legislación de la UE ha mejorado la calidad de las playas británicas y el aire que respiramos. Pero las políticas verdes conformarán también la próxima ola industrial que llevará a la futura prosperidad. Hoy invertir en lo verde es una opción para gobiernos y empresas; pronto será algo necesario. Los que hayan decidido invertir se encontrarán en una posición fuerte. La UE ha marcado el paso en energías verdes, y Gran Bretaña podía haber desempeñado un papel mayor. Un estudio del Imperial College estima los beneficios de un sistema energético europeo plenamente integrado en cerca de 100.000 millones de libras al año para 2030. Se trata a buen seguro de un precio por alcanzar el cual vale la pena trabajar juntos, y que habría recompensado, en lugar de penalizar, a futuras generaciones. Fuera de la UE, Gran Bretaña ha de encontrar nuevas formas de construir alianzas y cooperar a través de las fronteras para evitar quedar relegada.

El referéndum demuestra hasta qué punto los fracasos económicos de Gran Bretaña han dividido al país, pero abandonar la UE sólo hace que sea más difícil afrontarlos. Ahora recae sobre aquellos que derrocharon tanta energía y capital político argumentando a favor del Brexit la responsabilidad de asegurarse de que las futuras generaciones sufran lo menos posible. Ya estamos oyendo de boca de dirigentes del Brexit que sus promesas acerca de usar los fondos recuperados de la UE para destinarlos al NHS no se sostienen. Antes que seguir rodando por esta terrible pendiente, Gran Bretaña ha de contraatacar con una visión del futuro positiva, que mire hacia adelante, con una estrategia de crecimiento dirigida por la innovación e impulsada por la inversión, que siga un rumbo verde y se concentre explícitamente en reducir las desigualdades que han desgarrado a Gran Bretaña durante tanto tiempo. Y trabajar estrechamente con Europa – por cualquier medio necesario – para actuar de este modo.

Pero con esto se asume que en el proceso de dañar nuestra propia economía no hayamos minado fatalmente también la economía de Europa. Porque si eso no estaba nada claro antes de votar, lo está ahora: necesitamos a nuestros socios europeos y nuestros socios europeos nos necesitan también a nosotros.

*Mariana Mazzucato

Profesora de Economía de la Innovación en la Universidad de Sussex (Gran Bretaña), es autora de un libro importante y bien conocido, El Estado emprendedor (RBA, Barcelona, 2014).

Fuente: The Guardian, 27 de junio de 2015

https://www.theguardian.com/commentisfree/2016/jun/27/austerity-economic-woes-eu-referendum-brexit

Traducción: Lucas Antón

http://www.sinpermiso.info/

 

Brexit y elección de Macri: las cinco semejanzas

Por Marcelo Justo

Hace años, un prestigioso especialista británico en América Latina, Victor Bulmer Thomas, me habló de los paralelos que encontraba entre Gran Bretaña y la Argentina del siglo XX. Una de las cosas que más le impresionaba a este académico, autor de “The Economic History of Latin America Since Independence” y otros títulos sobre la región, era el mito en ambos países de una época dorada y perdida: la identidad nacional atrapada en esa sensación de nostalgia. El Brexit y la elección de Mauricio Macri en noviembre pasado permiten encontrar nuevas similitudes entre ambas sociedades.

1. Voto ajustado, sociedades polarizadas. La victoria del Brexit fue ligeramente más holgada que la de Mauricio Macri en la segunda vuelta.

Macri obtuvo un 51,34 por ciento de los votos contra el 48,66 por ciento de Daniel Scioli: una diferencia de 680.607 votos. Los Brexit obtuvieron un 51,9 por ciento contra un 48,1por ciento de los pro-europeos: más de un millón de votos de diferencia. En ambos casos la campaña mostró a sociedades divididas en mitades irreconciliables. El lector dirá con razón que esto sucede siempre en votaciones entre dos partes a todo o nada, sean segundas vueltas electorales o referendos. Pero aguánteme unas líneas y verá que el paralelo se extiende tanto que Brexit y macrismo hasta usan casi literalmente las mismas palabras.

2. El voto castigo y alternativo. En la victoria de Macri hubo un voto netamente antikirchnerista: muchos capaces de votar al diablo antes que a un candidato K. Curiosamente alguien con el historial de Macri, representó para ciertos sectores un voto alternativo y de protesta. En el Brexit se produjo el mismo fenómeno. Representantes del más rancio pensamiento de derecha –desde el ex alcalde Boris Johnson o el ministro de Justicia Michael Gove hasta el líder del xenófobo UKIP, Nigel Farage– se presentaron como símbolos del voto antiestablishment capaz de dar voz a los más postergados. En el cinturón industrial del Norte de Inglaterra, históricamente laborista, los votantes se inclinaron por el Brexit. En algunas villas miserias y en la provincia de Buenos Aires sucedió algo similar con el macrismo. Dado el éxito del multimillonario Donald Trump en Estados Unidos con una fórmula parecida habría que preguntarse si estamos ante una tendencia profunda en las democracias occidentales.

3. Los arrepentidos y el Hashtag. Con los antecedentes políticos de los ganadores tanto allá como acá, apenas sorprende que muy pronto aparezcan una gran cantidad de votantes arrepentidos. En el Reino Unido se popularizó esta semana el hashtag #regrexit (amalgama de regret –lamento– y Brexit). En los medios aparecieron numerosos votantes que dijeron que habían votado contra el gobierno y que jamás habían pensado que ganaría el Brexit. El caso más asombroso es el del ex editor del The Sun, el furiosamente antieuropeo Kevin Mc Kenzie, quien confesó este miércoles que sentía el arrepentimiento del que compró algo que no quiere (“buyer's remorse”), y la sensación de que hay que tener cuidado con lo que uno desea. “Tengo miedo a lo que se viene: ¿acaso soy el único?”, confesó. También en Argentina aparecieron muy pronto arrepentidos del voto a favor de Macri. A pocas semanas de su asunción estaba la campaña en Facebook “yo voté a Macri y me arrepiento”, el célebre tuit de la periodista deportiva Mona Mosi (“oficialmente despedida. Yo voté el cambio y me la estoy comiendo doblada”) y numerosos videos que daban cuenta de un arrepentimiento inútil (¿buyer's remorse?). El paralelo se extiende asombrosamente a un equivalente nacional del editor del The Sun: el conductor radial Baby Etchecopar.

4. Adiós a las promesas de campaña. El voto antiestablishment de Macri y de los Brexit se sostuvo con promesas y pegadizas consignas de campaña. El hallazgo más brillante de Cambiemos fue la Pobreza Cero, una manera de robarle la bandera de la justicia social al kirchnerismo y sacarse al mismo tiempo el tufillo a derecha. En el caso del Brexit, un tradicional autobús rojo de doble piso recorrió el Reino Unido con la siguiente consigna que repetían sus políticos en cada entrevista: “We send the EU 350 million pounds a week. Let's fund our NHS instead”.

La promesa se basaba en una mentira abierta porque la contribución real británica era la mitad, pero el mensaje de fondo era que –millones de libras más o menos– el dinero ahorrado iría a financiar al estatal Servicio Nacional de Salud (NHS). El macrismo en Argentina y los Brexit en el Reino Unido ya dieron marcha atrás con sus promesas y eligieron la misma palabra de raíz latina para justificar el cambio. Las promesas eran “aspiraciones”, señaló el jefe de Gabinete argentino, Marcos Peña Braun. A unos 10 mil kilómetros de distancia su colega Brexit, el ministro de Salud, Chris Grayling, indicó ayer que la inversión de lo ahorrado en el servicio nacional de salud era “aspirational”. ¿Diferencias entre ambos? Sí, en la televisión británica y otros medios cuestionaron duramente a Grayling y le recordaron palabras textuales de la campaña, algo que dejó al ministro de salud sin respuesta. Nada equivalente en Argentina.

5. El proyecto del miedo. El macrismo y los Brexit acusaron a sus rivales de querer intimidar al electorado con una “campaña del miedo”.

En el debate presidencial Mauricio Macri le dijo a Daniel Scioli que parecía un columnista de 6,7,8 por decir que él iba a devaluar, los precios se iban a disparar y el empleo de muchísimos argentinos estaba en peligro. Los Brexit también atacaron a los pro-europeos por lo que denominaron project fear. En el caso argentino, la presunta “campaña del miedo” se quedó cortísima respecto a la realidad que vive el país a poco más de seis meses de electo Macri. En el caso británico, hubo exageraciones apocalípticas de algún que otro ministro de David Cameron, pero las mayoría de las predicciones se cumplieron puntualmente: volatilidad de la libra esterlina, desplome de la Bolsa, la incertidumbre generalizada y la muy probable recesión que hoy admiten algunos de los Brexit, entre ellos el más rabioso de todos, Nigel Farage.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/

 

OLA DE ARREPENTIDOS, ACEFALIA EN EL GOBIERNO Y CRISIS EN EL OFICIALISMO Y LA OPOSICION DE GRAN BRETAÑA

Vacío político por la resaca del Brexit

 

Un bandera de la Unión europea flameó en la protesta en contra del Brexit frente al Parlamento británico.

Por Marcelo Justo

Los conservadores se desangran para encontrar un sustituto del primer ministro David Cameron y la oposición laborista está dividida entre los diputados que quieren deshacerse de Jeremy Corbyn y los que apoyan su continuidad.

Por Marcelo Justo

Desde Londres

Las aguas siguen revueltas en este Reino más des Unido que nunca luego del referendo a favor de la salida de la Unión Europea. En un país que busca un liderazgo político en medio de la crisis, los conservadores se desangran para encontrar un sustituto del primer ministro David Cameron y la oposición laborista está dividida entre los diputados que quieren deshacerse de Jeremy Corbyn y los afiliados y sindicatos que lo apoyan. En Londres decenas de miles personas salieron a protestar por el centro de Londres y exigir un nuevo referendo ante las “mentiras” de la campaña del Brexit.

Londres fue uno de los pocos lugares –junto a Escocia, Irlanda y algunas grandes ciudades como Manchester– que votó mayoritariamente a favor de permanecer en la UE. No sorprende entonces la masiva marcha en la capital para protestar por el resultado del referendo. Manifestantes de todas las edades se concentraron en Hyde Park para confluir en Parliament Square, la plaza enfrente de la Cámara de los Comunes. Muchísimos jóvenes. Un 75% de los que tienen entre 18 y 24 años de edad votaron a favor de permanecer en la Unión Euroepa. “La campaña se basó en una distorsión de los hechos, en nebulosas promesas sobre el Servicio Nacional de Salud y la política inmigratoria. Y la realidad es que nosotros hemos perdido la libertad de movimiento por Europa”, señaló a Página/12 Amelia Madan, una escritora de 24 años.

Una encuesta entre el casi un millón y medio de jóvenes de 16 y 17 años muestra que, si también ellos hubieran podido votar, hubrían revertido el resultado. Entre los cánticos de repudio a los Brexits, banderas y pancartas de “We Love EU” y “Bremain”, Crad Gibson, estudiante de relaciones internacionales de 24 años, indicó a Página/12 que, como generación, se sentía traicionado. “Nos sentimos traicionados por nuestros mayores. Vamos a tener que vivir con esta decisión por muchos años. Y todo se da en medio de un terrible vacío político. ¿Quién nos representa hoy?”, señaló Gibson.

El primer ministro David Cameron renunció a poco de anunciarse el resultado del referendo que él mismo había convocado: hoy es una opaca figura en funciones hasta que se elija su reemplazante. En una posición similar se encuentra su ministro de finanzas, George Osborne, ex aspirante al trono conservador, que está intentando dar marcha atrás con todas las apocalípticas predicciones que había hecho sobre lo que sucedería si triunfaba el Brexit. Cinco parlamentarios conservadores se han presentado para reemplazar a Cameron.

La primera ronda se realizará este martes: el candidato apoyado por menos diputados de la bancada conservadora tendrá que retirarse de la contienda. El proceso se repetirá el jueves y el martes siguiente hasta que queden solo dos contendientes. El último paso corresponderá a los 134 mil afiliados conservadores quienes elegirán al próximo líder entre estos dos candidatos. El proceso debería completarse hacia principios de septiembre.

La ministra del interior, Theresa May, lidera la preferencia entre los diputados, pero votó a favor de la permanencia en la UE. El de justicia, Michael “Brutus” Gove, es el más firme candidato de los Brexit, pero la brutalidad con que despachó al ex alcalde de Londres Boris Johnson, su principal aliado durante la campaña, le valió el apodo de Brutus (uno de los asesinos de Julio César) y le restó apoyo. Con este antecedente, la secretaria de energía, Andrea Leadsom, usuaria de paraísos fiscales, podría desplazar a Gove como candidata de los Brexit. En este caso dos mujeres competirían en la última ronda para ver quién reemplaza a Cameron.

Sea quien sea, la tarea de cerrar el abismo que el referendo abrió entre los británicos parece más allá del alcance de cualquier candidato. “Es posible que Theresa May sea la candidata de unidad del partido gracias a su enorme experiencia política, pero con eso no va a bastar. El gobierno Tory ha dejado a Gran Bretaña en una situación desastrosa nacional e internacional. El próximo líder va a necesitar algo más que experiencia”, señaló en su editorial de ayer el diario pro europeo The Guardian. Entre los jóvenes no hay muchas expectativas. “El líder va a tener que ser un Brexit y ese es el problema. Creo que necesitaremos una nueva elección general. O un segundo referendo. Si no, nos exponemos a perder Escocia, Irlanda del Norte, Gibraltar y quizás las Falkands”, indicó a Página/12 Amelia Madan.

El único consuelo de los conservadores es que el Partido Laborista está en una crisis igualmente grave. Solo 40 de los 252 diputados que conforman la bancada parlamentaria apoyan a Jeremy Corbyn, el líder más a la izquierda de la historia partidaria. Ayer hubo manifestaciones en distintas partes del país de afiliados pro corbynistas para pedir unidad en el Partido. El mismo Corbyn dejó en claro que no estaba en sus planes la renuncia.

En un acto contra la ola de ataques racistas que siguieron al referendo, Corbyn señaló que el mensaje del laborismo es más importante que nunca. “Nosotros le decimos que no a estos ataques contra mezquitas, contra individuos, contra negocios polacos, contra gente que está trabajando en un bar o restaurante. Este tipo de ataques se ha multiplicado por cinco según la policía. Esto no puede continuar”, dijo Corbyn en un acto en el norte de Londres.

Con un gobierno virtualmente acéfalo, la división de los laboristas profundiza el vacío político. La mecánica partidaria para resolver este tipo de impasse es que un candidato que tenga el apoyo de 50 diputados presente su candidatura con lo que habría que llamar a una nueva elección. Corbyn podría ganar nuevamente dado el fuerte apoyo que tiene entre los 450 mil afiliados laboristas. Según medios británicos hay negociaciones para que Corbyn renuncie y, a cambio, el nuevo líder incorpore parte de la agenda de la izquierda partidaria, tan relegada durante los años del Nuevo Laborismo de Tony Blair.

La resaca del referendo alcanza a los mismos votantes. En los últimos días se han multipicado los arrepentidos del voto por el Brexit. El hashtag #regrexit (amalgama de regret –lamento– y Brexit) se ha popularizado en las redes y en YouTube aparecieron numerosos votantes que dijeron que habían votado contra el gobierno de David Cameron porque jamás habían pensado que ganaría el Brexit.

Otros rechazan el maniqueísmo del referendo. “Voté a favor del Brexit, pero no me gusta que se esté planteando todo en blanco y negro. Amo a Europa, pero no estoy a favor de la Unión Europea y las cosas que hizo, por ejemplo, en Grecia. La Europa actual le sirve a las corporaciones y no a la gente. No puedo estar a favor de eso. Pero tampoco estoy a favor de estos espantosos ataques racistas”, señaló a Página/12 Sebastian Lee.

El caso más asombroso es el del ex editor del The Sun, el furiosamente antieuropeo Kevin Mc Kenzie, quien publicó una columna el día del referendo con las “10 razones para abandonar Europa” y que esta semana confesó que estaba arrepintiéndose. “Es el arrepentimiento del que compró algo que no quiere (“buyer´s remorse”). Tengo miedo a lo que se viene: ¿acaso soy el único?”, dijo Mc Kenzie.

Nadie sabe cómo va a terminar la película. El Reino Unido tiene que invocar el artículo 50 para inciar el proceso de separación, algo que debería hacer el próximo primer ministro a partir de septiembre. La negociación duraría cuanto menos 2 años, pero es una incógnita cuál será el resultado. Muchos en el Brexit apuestan a un acuerdo similar al que tiene el Area Económica Europea (Noruega, Islandia y Liechestein), muy semejante, a la actual pertenencia a la UE. Otros dicen que este camino es imposible y el Reino Unido terminará fuera del Mercado Unico Europeo, comerciando con la UE como una nación más.

El hecho de que Alemania y Francia tienen elecciones el próximo año no ayudará a las negociaciones. El viernes el atribulado presidente Francois Hollande endureció el lenguaje al contradecir abiertamente a los conservadores británicos y señalar que cuanto antes termine el proceso mejor. “La decisión se tomó. No podemos demorarla o cancelarla. Ahora hay que enfrentar las consecuencias de lo decidido”, señaló.

En este clima no sorprende que dos medios pro europeos, el diario Financial Times y el semanario The Economist, estén abriendo un signo de interrogación sobre la factibilidad del Brexit.

El semanario señaló que un segundo referendo “no sería más justo que permitir a los jugadores ingleses tener una segunda oportunidad con Islandia que nos infligió una segunda humillación esta semana”, pero dados los problemas que está generando en la economía y las pro europeas Escocia e Irlanda del Norte, es posible que “la negociación termine con algo tan diferente a lo que prometió la campaña del Brexit que necesitará un nuevo referendo u otra elección general: es posible que el Brexit mismo sea revertido”.

En el Financial Times, el comentarista Gideon Roachman señaló que con la negociación se encontrará un punto en común para evitar el Brexit. “Esta historia ha sido un golpe dramático, terrible. Pero todavía no se ha escrito su final”, señaló.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/